miércoles, 31 de julio de 2013

Día de fiesta

Cristina tiene bastante bien estructurada su vida y sus obligaciones. Sabe perfectamente que el domingo hay que ir a Misa, y por tanto sabe muy bien que cualquier otro día de la semana no es necesario ir a la iglesia.

Por eso los días de fiesta que no caen en domingo hay que convencerla que también hay que acudir a la celebración. El 25 de julio, Santiago Apóstol, patrón de mi pueblo nosotros sí que celebramos ese día que, por desgracia, no se pudo celebrar en la capital de Galicia, Santiago de Compostela. (Naturalmente hubo un recuerdo en la celebración para las víctimas del fatal accidente.)

Justo antes de la celebración religiosa Cristina desapareció de nuestra vista y supusimos que se habría escondido para no acudir. Entramos en la Iglesia pensando en el castigo que le impondríamos a la salida.

Ya había pasado más de la mitad de la celebración cuando mi mujer descubríó que estaba sentada en un banco de la Iglesia entre dos señoras. Mientras pasaba el brazo por los hombros a una de ellas a la otra le revisaba su vestido lleno de lentejuelas. Para nuestro alivio resultaron ser nuestra prima Raquel y una amiga del pueblo.

Avergonzados de nuestros pobres pensamientos nos quedamos  helados al ver que nuestra hija acudía a Misa sin necesidad de que nosotros estuviéramos con ella. Además, luego Raquel nos dijo que ese día había sido uno de los más bonitos de su vida por el cariño que le había dado Cristina.

sábado, 20 de julio de 2013

Cerrando etapas

Desde enero empezamos a decirle a Cristina que para el siguiente curso cambiaría de colegio. Además le precisábamos que ese cambio sería en septiembre.

La idea le gustó desde el principio, incluso lo comentó ella misma en su clase. A simple vista parecía que lo estaba aceptando muy bien pero yo creía que no se daba cuenta que ir a un nuevo colegio suponía dejar el antiguo.

Sin embargo los días previos al fin de curso nos dimos cuenta que lo tenía muy claro, además, tuvo detalles de cariño con sus profesoras. Tanto ellas como nosotros pensábamos,  que aunque nos diese pena, el cambio a un nuevo colegio le iba a suponer un gran beneficio. Y ella debe pensar lo mismo porque de todos nosotros ella es la que más contenta está.

Aunque su forma de despedirse me pareció un poco extrema porque el último día que la recogimos para llevarla a casa, desde el coche, volvió la cabeza y agitando la mano se despidió de su colegio.

Supongo que será su forma de cerrar etapas.