viernes, 24 de octubre de 2014

Decisiones difíciles

La carencia de imaginación y la incapacidad de ponerse en el lugar del otro son dos dificultades que suelen tener  las personas con autismo. Cristina las manifiesta pero va mejorando aunque sea por pillería.

Le gusta esconder cosas para que los demás no las veamos, bien porque  le parece gracioso o bien porque si lo esconde se va a librar -por ejemplo- de hacer la tarea.

Los escondites que elige son siempre los mismos o tan evidentes que no hay peligro de que se libre de nada. Sin embargo he empezado a preocuparme. Casi todos los días hace un poco de tarea y necesita tres cosas: un libro para leer, un cuaderno donde escribir y el estuche con los lápices.

Cuando fui a a por ellos no encontré ninguno. Busqué en los escondites habituales y sólo encontré una de las tres cosas, esforzándome un poco más encontré la segunda, pero no los lápices que no pude saber dónde estaban.

Asombrado de su esfuerzo y de su buena idea de esconder por separado los objetos dudé qué hacer: felicitarle o castigarle. Una difícil decisión. Finalmente encontré otro estuche y le dije a Cristina: -"Hoy estaremos más tiempo haciendo la tarea"  De forma inmediata fue a buscar los lápices y así librarse de un rato más trabajando.

viernes, 17 de octubre de 2014

Una vida sencilla

Cristina, como supongo que otros niños con autismo, es de costumbres fijas también para comer. Hay alimentos que se niega a probarlos o incluso algunos que tiene que comerlos de una forma determinada.

Por eso parece que ha hecho un  descubrimiento asombroso que además ha compartido con nosotros:  Hasta ahora yogures y galletas se comían por separado, pero acabamos de descubrir que también se pueden mezclar.

Esta última novedad nos la ha mostrado Cristina varias veces esta semana: -"¡Mira papá!" mientras zambullía la galleta dentro del yogur para darle luego un gran bocado.

Nunca se había ocurrido pensar que una cosa así pudiera ser digna de mención o, que como en el caso de mi hija, fuese de tanta alegría y sorpresa como ha sido para ella. Sin embargo Cristina todavía  nos enseña de vez en cuando  a descubrir la sencillez de la vida en esos felices hallazgos.



jueves, 9 de octubre de 2014

Estamos de vuelta

Después de bastante tiempo sin escribir nada ya estamos de vuelta, espero que para quedarnos...

Cristina ha crecido bastante en todos los aspectos. Con casi 14 años, muchas veces no sabemos si su forma de actuar depende del autismo o de la adolescencia. Una etapa de la vida que te tendrá que pasar  como todo el mundo.

Aunque sigue siendo muy infantil,  pocas veces dice sí misma que es una niña. Casi siempre afirma de forma categórica: -"Soy mujer". Muy cabezona e insistente en sus pretensiones suele aceptar bastante bien cuando no se le concede algo de lo que pide.

De todos modos, buscará el resquicio que nos haga cambiar de opinión. Su carácter infantil hace que le gusten, por ejemplo, las atracciones para niños pequeños de las ferias de los pueblos, como fue el caso de las fiestas de Cortes (Navarra), este mismo fin de semana.

Además de decirle que no, hay que darle una razón que ella entienda y le deje tranquila. Siempre tiene bastante éxito decirle: -"Cristina, ahí no te puedes montar, es para niños pequeños"

Pero no se dio por vencida, porque más tarde volvió a mirar a la atracción y me hizo ver lo que ocurría: -"Mira, hay jóvenes. Jóvenes como yo"

Así que  Cristina sabe quién es y cómo es. Aunque algunas veces se lo tengamos que recordar.



viernes, 28 de marzo de 2014

Aprendiendo juntos

El míércoles pasado, Cristina tenía fiesta por la tarde y nos pusimos a hacer galletas extra crujientes, aquí está la receta.

La masa fue bastante fácil elaborarla, nuestros problemas empezaron cuando quisimos hacer las galletas con los moldes que habíamos comprado. Las galletas debían tener forma de ositos o corazones, pero no terminábamos de conseguirlo.

Poco a poco fuimos mejorando nuestra técnica y las galletas -cada vez mejor formadas- iban ocupando su lugar en la bandeja del horno.

Después de hornearlas el tiempo preciso, incluso Cristina que es  reticente a comer galletas que no lleven chocolate, las comía complacida. De hecho ya no queda ninguna.

Como ni ella ni yo nacimos aprendidos, por un momento estuvimos los dos al mismo nivel  y aprendiendo juntos. Pero con Cristina  ha sido siempre así. Desde un desconocimiento total del autismo hemos ido aprendiendo y mejorando poco a poco.





viernes, 7 de febrero de 2014

El cómic de Cristina

Siempre me había preguntado cómo serian los sueños de cristina, y por fin he conocido uno de ellos cuando el otro día en el desayuno le habló a su madre de cierta amiga de nombre Laum.

Su madre extrañada le pregunto si era una compañera del cole. Pero no, según Cristina esta amiga estaba: -"En su cerebro".

A la vuelta del cole trajo un cómic que había hecho ella sobre su sueño. Antes de la cena me relató la historia que contaban los dibujos: Laum y Cristina luchan contra un monstruo horrible. Según su descripción el monstruo es digno de cualquier historia de terror: -"Cabeza de hombre, brazos de perro, cuerpo de abeja y piernas de gato." La lucha termina bien porque vencen las amigas.

Pero este no es el final del cómic, falta la sorpresa final, porque el monstruo resucita y se convierte en Ping, y es el novio de Laum.

Impresionado por la historia y por su imaginación, le enseñé un libro del gran Tintín, para enseñarle que un cómic podía ser más largo que una sola hoja y animarla a seguir con la historia. Pero  no tuve éxito, al parecer ya no había más historia que contar. Seguro que en el futuro su imaginación se vuelve a despertar y nos deleita con una  secuela (o incluso una precuela) de Laum y Cristina.

viernes, 24 de enero de 2014

Con tranquilidad y confianza

Todavía recuerdo la primera herida que se hizo Cristina porque fue una manera bastante repentina de enterarnos de su terror a verse sangrar.

Siempre ha sido bastante ágil y aunque no paraba de correr casi nunca tropezaba ni caía. Pero un día -en pleno verano- se cayó  y se hizo una herida bastante fea en el codo. Tuvimos que volver a casa corriendo porque lloraba a grandes voces y sin consuelo posible. Le daba miedo mirarse la herida pero tampoco podía evitar mirarla.

Ya en casa encontró un jersey de manga larga y con capucha, se lo puso y las mangas ocultaron la herida con lo que se calmó de inmediato. Pero el jersey se lo había puesto al revés y la capucha le caía delante de su cara.

Pese a nuestros intentos no fuimos capaces de convencerla para darle la vuelta al jersey ni siquiera pudimos curarle. Durante tres o cuatro días tuvo puesta así la prenda, dentro de casa, porque con esas pintas no podía ir a la calle. Finalmente, una noche, mi mujer pudo quitarle el jersey y comprobar el estado de la herida que ya iba curando.

Creo que toda la situación nos asustó un poco, porque no esperábamos semejante reacción. Tiempo después, cuando Cristina maduró un poco más y nosotros aprendimos otro poco, todos vimos que con confianza y tranquilidad muchas cosas se curaban con una simple tirita.