martes, 14 de mayo de 2019

Temporada de tomates


Ya hemos plantado los primeros tomates de este año. Para ello hemos seguido las precisas instrucciones de cristina. Si el clima es propicio adornarán nuestras ensaladas del verano.

jueves, 22 de noviembre de 2018

18 años aprendiendo juntos


Hoy Cristina cumple 18 años. Una edad especial por muchas cosas importantes que a ella -de momento- le traen sin cuidado.

También es un buen momento para echar la vista atrás y ver el progreso de Cristina que nunca llega a su fin. De vez en cuando aparece alguna conducta que hay que corregir, alguna de ellas, fruto de lo que ha aprendido.

Porque con el tiempo nos damos cuenta que no vale  con aprender nuevas cosas sino hacerlas en el momento que corresponde. Por ejemplo, está bien abrazar a un ser querido, pero no tanto abrazar a alguien que apenas conocemos.
O las bromas, por muy graciosas que sean, no se pueden gastar a todo el mundo.

Lo que antes nos asombraban hacer por primera vez, ahora está en nuestra rutina familiar. Eso sí, siempre con un toque aventurero. Porque a Cristina le seguimos anticipando lo que haremos a lo largo del día pero siempre hay que dejar espacio a los imprevistos. Por suerte, sus reacciones son cada vez mejores y casi siempre hablando con ella se soluciona el problema.

Pero también al echar la vista atrás además de ver cómo ha ido cambiando Cristina podríamos ver cómo hemos cambiado nosotros. Teníamos que enseñar a Cristina a comunicarse, a ser más flexible, a apreciar a los demás, a sentirse querida...

Porque el autismo, es algo más que personas aisladas en su mundo. Yo lo veo como personas que necesitan algo más de ayuda para aprender cosas que el resto de los mortales se supone que las tenemos aprendidas.
A mí me gusta creer que tantas cosas buenas que Cristina ha aprendido también nos han dejado huella en nosotros.

Muchas gracias Cristina por tus primeros 18 años,  por todo lo que hemos vivido contigo, por toda la gente que gracias a ti se nos ha cruzado en nuestro camino y de la que guardamos unos grandes recuerdos.

Y también como no ¡Muchas felicidades!

viernes, 24 de febrero de 2017

Soluciones sencillas


Cristina, en cuanto aficiones e intereses, es muy diferente a otras chicas de su edad. Pero resulta que  tiene problemas son comunes a otras adolescentes, por ejemplo, el desorden de su habitación.

No vale la pena decirle "recoge todo" ni indicarle una y otra vez lo desordenada que está su cuarto.  Ella necesita algo mucho más preciso.

En ocasiones, lo más difícil es buscar una solución sencilla para todos. Pero esta vez parece que la hemos encontrado: Contamos delante de ella las cosas que están mal. El número total -de lo que nosotros llamamos errores- puede estar rondando el infinito pero el resultado final, una vez todo colocado en su sitio, siempre debe ser "0 errores".

En esos casos en que hay demasiado desorden es necesario volver varias veces a repasar y volver a contar. Pero que el número vaya decreciendo le motiva bastante.

Cuando por fin llegamos al mínimo tolerado, le felicitamos, ella queda muy contenta y esperamos al día siguiente...


viernes, 16 de septiembre de 2016

Un prospecto incompleto

Cristina nos dijo ayer que le dolía un muela y la cita que teníamos para el dentista es dentro de unos días. Para que estuviera tranquila pensamos en darle alguna medicina, pero cuál. Ya tiene casi 16 años y las cosas que se nos ocurrían eran disueltas en agua.

Ya conté en una entrada antigua los problemas que teníamos con ella para tomar cualquier líquido que no fuera agua. Acudí a la farmacia y allí me dieron la solución: un medicamento liquido pero que se podía tomar de un solo trago.

Después de comprarla nos pusimos a la tarea de anticiparle cómo era la medicina y cómo se la tenía que tomar, recalcándole que era líquida. Esperábamos toda clase de quejas, sin embargo lo único que preguntó fue: -"¿De qué sabor?"

Como nos dejó sin palabras, cogí el prospecto por si el fabricante había caído en la cuenta de indicar ese detalle tan importante, pero no.

De todos modos, como Cris es una chica valiente y decidida se la tomó como se lo habíamos explicado.

lunes, 27 de junio de 2016

Felicidad contagiosa


Por fin llegó el último día de clase. Aunque Cristina va muy contenta al colegio el final de las clases lo estaba esperando con ansiedad.

Su madre y yo le estábamos esperando en la puerta, hablando de cosas serias. Pero se nos cambió la cara cuando la vimos aparecer con su eterna sonrisa, pero esta vez, casi se le escapaba una carcajada por la alegría que sentía.

Tanto nos contagió su alegría que nos pusimos todos a dar saltos de felicidad en el dintel de la puerta.

La felicidad de Cristina es contagiosa, seguro que ella no se da cuenta pero hacer felices a los demàs  es una de las cosas que mejor hace.



martes, 4 de noviembre de 2014

Versiones de un clásico

Cristina todos los días hace un dibujo, está entretenida y además es una buena forma de ver por donde marcha su imaginación. Casi siempre tiene que ver con cosas que ha visto o que ha aprendido.

El otro día  se decidió a inventarse un cuento: "La otra historia de Caperucita Azul y un duendi"
El título  me creó varias dudas:
- "¿La otra historia? ¿Hay un cuento de caperucita azul y ahora es necesario contar otra versión?"
- "¿Duendi? ¿No será duende?"
La primera no me supo responder. La segunda me dejó claro que sí, era Duendi y además amigo de Caperucita.

Al día siguiente siguió escribiendo el cuento pero Duendi ya no volvió a aparecer, según ella porque se había convertido en el narrador. Hoja por hoja, hasta ocho en total, dibujó y escribió una pequeña aclaración sobre el dibujo.

Cada hoja que dibujaba, "La otra historia de Caperucita Azul" se iba pareciendo más y más al clásico cuento de su homónima roja. Pero con un par de diferencias: No había lobo, sino un ladrón. Tampoco abuela, pero sí abuelo.

Ni Charles Perrault, ni los Hermanos Grimm, se inventaron de la nada el cuento de Caperucita Roja. Más o menos hicieron lo de Cristina:  Cambiar ciertos detalles.