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viernes, 17 de diciembre de 2010

Aurora y sus sobrinos

Hoy es el cumpleaños de mi hermana Aurora (Aurorita, Auris...), nos ha invitado a merendar así que iremos a casa de mis padres a felicitarla y a merendar a su costa.  Cristina y el resto del batallón de sobrinos ha tomado por costumbre jugar en su habitación y ella aguanta sin queja la invasión.

Por eso cuando en una ocasión estando en casa de mis padres, me había olvidado de Cristina durante un buen rato y,  no viéndola cerca, supuse que estaba en la habitación de Aurora.

Cuando entré se me quedó mirando -empecé a sospechar- y más cuando me di cuenta que una ligera niebla cubría la habitación. Me acordé entonces  del mechero que mi madre deja en la cocina y que Cristina coge sin preocupación alguna.

Impulsivamente miré por toda la habitación buscando las llamas que producían ese supuesto humo. El olor que había en la habitación me hizo entrar en razón, no era de humo, era bastante más agradable. Lo entendí enseguida cuando descubrí el bote de desodorante de Aurora casi vacío cerca de Cristina y que  había pulverizado por toda la habitación.

Dejé el bote en su sitio, saqué a mi hija de la habitación y pensé que Aurora no echaría de menos la cantidad que faltase en el bote. Si la echó de menos ahora se enterará quién lo malgastó. Pero no creo que este secreto le haga perder la sonrisa.

viernes, 1 de octubre de 2010

Una cara que lo dice todo

Este fin de semana empezaron las fiestas de Cortes (el pueblo de mi mujer) y allí nos fuimos a disfrutarlas lo mejor posible.

Como siempre, ponen atracciones para los niños: caballitos, camas elásticas, etc. Después de ir a Misa, Cristina quería ir urgentemente a montarse en ellas. Le conseguimos convencer para quedarnos en la plaza y ver un rato las vacas bravas, con la promesa de ir después a montarnos en los caballitos.

En cuanto salimos de la plaza  nos recordó nuestro acuerdo y nos fuimos directamente hacia las atracciones. Por un momento nos despistamos y cuando quisimos darnos cuenta Cristina había desaparecido de nuestra vista. Por fortuna, ya somos expertos y sabíamos dónde la podíamos encontrar.

Efectivamente, se había colado dentro de una de las atracciones. Cuando llegamos allí estaba disfrutando de lo lindo. Su madre le preguntó: -"Cristina, ¿dónde está la ficha?" Su cara de pasárselo bien cambió radicalmente a un gesto de desconcierto y confusión. Se acababa de dar cuenta que no había cumplido con la norma previa de pagar la ficha y dársela a la persona responsable.

A Cristina en ocasiones no le es fácil respetar las normas bien porque no quiere o bien porque actúa sin pensar, pero en esta ocasión al ver su cara quedó claro que fue lo segundo.