Habíamos tardado bastante tiempo en llevar a Cristina a la peluquería, su flequillo ya le tapaba los ojos y el resto del pelo hacía difícil verle la cara. Pero eso no era excusa para decir : -"Mamá no te preocupes soy yo", cuando mi mujer le sorprendió en el cuarto de baño.
Su madre no estaba preocupada por la persona que tenía delante, sino que se había quedado traspuesta cuando vio a Cristina, tijeras en mano, con su flequillo cortado siguiendo un perfil "original" y otros grandes mechones de pelo que habían desaparecido de su cabeza.
Tampoco las afirmaciones de Cristina diciendo que "soy peluquera" tranquilizaron a mi mujer. Por suerte, justo ese día habíamos pedido hora en la peluquería. Mª Carmen, que la conoce perfectamente, como siempre hizo muy bien su trabajo y arregló el desaguisado.
Cristina, que hasta hace poco tiempo tenía terror al corte del pelo, ha pasado a ser peluquera y nosotros sin enterarnos. Cambios tan radicales como su nuevo estilo de peinado.
Cristina, que hasta hace poco tiempo tenía terror al corte del pelo, ha pasado a ser peluquera y nosotros sin enterarnos. Cambios tan radicales como su nuevo estilo de peinado.




