A Leyre - aunque su tía Gemma tuvo algo que ver- los Reyes Magos le trajeron un juego de Lego. Lo empezamos a montar pero eran tantas las piezas que lo tuvimos que dejar. Al día siguiente cuando Cristina vio que entre las figuras a encajar había un dragón quiso seguir ella con el montaje.
Así que el segundo día hombro con hombro y siguiendo las precisas instrucciones nos entretuvimos Cristina y yo durante más de dos horas montando el juguete. Finalmente terminamos el dragón que a pesar de su aspecto y según Cristina es un "dragón bueno".
Pero no quedó allí todo, porque un día después quiso terminar de montar el resto de las figuras y pasamos otras dos horas disfrutando de lo lindo, con el juego y con nuestra mutua compañía.
Un trabajo en equipo con grandes resultados como se ve en la foto, pero espero que el juguete nos traiga otros grandes resultados, porque gracias a él pudimos practicar: La paciencia, la concentración, la observación...
Estos Reyes Magos sí que son listos, nos trajeron a cada uno lo que necesitábamos.
miércoles, 18 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
Toma de decisiones
Muchas veces nos acercamos a comprar con Cristina al supermercado, naturalmente se le antojan bastantes cosas para meter en el carro, y más en estos días donde las tiendas han estado preparadas para que todos consumamos lo más posible.
Cristina mira los expositores y cuando quiere algo lo pide, a veces toca comprarlo y otras no, casi siempre se queda conforme.
Pero cuando ya hemos cogido algo que ella quería y pide otra cosa le pongo en un compromiso:
- "Cristina, sólo una cosa. Elige una de ellas." La gran decisión a tomar -por ejemplo- puede ser elegir el sabor de los petitsuiss, o entre pipas y pistachos.
Sopesa en silencio las opciones y, finalmente se decanta por una. Puede que más adelante vea otra cosa que también le gusta y tendremos que repetir el proceso. Al final de la compra yo seré más pobre, pero ella se habrá enriquecido un poco más.
Cristina mira los expositores y cuando quiere algo lo pide, a veces toca comprarlo y otras no, casi siempre se queda conforme.
Pero cuando ya hemos cogido algo que ella quería y pide otra cosa le pongo en un compromiso:
- "Cristina, sólo una cosa. Elige una de ellas." La gran decisión a tomar -por ejemplo- puede ser elegir el sabor de los petitsuiss, o entre pipas y pistachos.
Sopesa en silencio las opciones y, finalmente se decanta por una. Puede que más adelante vea otra cosa que también le gusta y tendremos que repetir el proceso. Al final de la compra yo seré más pobre, pero ella se habrá enriquecido un poco más.
lunes, 2 de enero de 2012
Premios 20 Blogs
Por primer vez participo en el concurso de los premios 20Blogs con el Blog de Cristina. El concurso lo organiza todos los años el Diario 20Minutos.
Quien quiera votar por este blog puede pinchar aquí
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viernes, 23 de diciembre de 2011
¡Feliz Navidad!
Como no podía ser de otra forma os felicitamos la Navidad a todos los lectores del blog con un nuevo vídeo. La protagonista naturalmente es Cristina. Esperamos que os gusten y que vuestras Navidades sean tan felices como lo es Cristina en el vídeo.
¡Feliz Navidad!
viernes, 16 de diciembre de 2011
¿Quieres un Kit-Kat?
Si hay algo que le guste a Cristina sobre cualquier otra cosa eso es el chocolate. Si fuese por ella lo estaría comiendo a todas horas, por ello en nuestra casa está racionado.
Pero de vez en cuando aparecen -dejados por el Ratoncito Pérez- chocolatinas y bombones.
Cristina que sabe que no puede comer mucho chocolate, sin embargo lo intenta por todo los medios, aunque eso signifique compartirlo. Así fue cuando quiso comerse un kit-kat, pero previamente tenía que conseguir nuestro permiso más o menos tácito.
Uno por uno nos fue preguntando a todos y obteniendo la misma respuesta:
- "Papá ¿quieres chocolate?"
- "No, gracias"
- "Leyre, ¿quieres chocolate?"
- "No, gracias"
- "Tía Gemma, ¿quieres chocolate?"
- No gracias"
- "Mamá ¿quieres chocolate?"
- "No, gracias"
Por una vez se puso en nuestro lugar y pensó que le daríamos la excusa para poder comerse la chocolatina. Le salió mal, pero rápidamente encontró la solución: -"¡Pues me lo como yo!"
Pero de vez en cuando aparecen -dejados por el Ratoncito Pérez- chocolatinas y bombones.
Cristina que sabe que no puede comer mucho chocolate, sin embargo lo intenta por todo los medios, aunque eso signifique compartirlo. Así fue cuando quiso comerse un kit-kat, pero previamente tenía que conseguir nuestro permiso más o menos tácito.
Uno por uno nos fue preguntando a todos y obteniendo la misma respuesta:
- "Papá ¿quieres chocolate?"
- "No, gracias"
- "Leyre, ¿quieres chocolate?"
- "No, gracias"
- "Tía Gemma, ¿quieres chocolate?"
- No gracias"
- "Mamá ¿quieres chocolate?"
- "No, gracias"
Por una vez se puso en nuestro lugar y pensó que le daríamos la excusa para poder comerse la chocolatina. Le salió mal, pero rápidamente encontró la solución: -"¡Pues me lo como yo!"
viernes, 2 de diciembre de 2011
Un cerebro con limitaciones
Supongo que Cristina tendría 6 años cuando le pusimos delante de ella un papel y nos escribió su nombre. No recuerdo por qué razón le dimos el papel y el lápiz, quizás porque nos dijeron en el cole que ya lo sabía escribir.
Sí que recuerdo lo que sentí cuando se lo vi escribiendo: Mi primera sensación era que estaba soñando. La segunda -después de darme cuenta de que estaba despierto- era que no me podía creer lo que estaba viendo.
Tuve que pedir a mi cerebro un sobreesfuerzo para que lo que mis ojos veían, lo procesase, asimilase y finalmente sacase la siguiente conclusión: -"Cristina ya sabe escribir"
También recuerdo que me aguanté las lágrimas de la emoción -otra limitación de mi cerebro- porque el momento merecía haber derramado alguna.
Sí que recuerdo lo que sentí cuando se lo vi escribiendo: Mi primera sensación era que estaba soñando. La segunda -después de darme cuenta de que estaba despierto- era que no me podía creer lo que estaba viendo.
Tuve que pedir a mi cerebro un sobreesfuerzo para que lo que mis ojos veían, lo procesase, asimilase y finalmente sacase la siguiente conclusión: -"Cristina ya sabe escribir"
También recuerdo que me aguanté las lágrimas de la emoción -otra limitación de mi cerebro- porque el momento merecía haber derramado alguna.
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