Cristina me suele ayudar a cocinar, son cosas sencillas, no porque ella no pueda hacer cosas complicadas, sino porque yo sólo soy un aprendiz de cocinero y mis secretos culinarios son muy básicos.
En realidad tampoco son tan secretos, por ejemplo, para hacer la masa de pizza no hace falta más que darle vuelta al paquete de harina preparada para tal fin y leer las instrucciones.
Con ese envoltorio junto con los ingredientes que escribió Cristina en sendas hojas de papel, y que pegamos en la pared, preparamos unas estupendas pizzas para cenar.
Después de ser devoradas en ambiente familiar, el único rastro que quedó de ellas fue precisamente esas hojas. Me da pena quitarlas pero no tiene sentido dejar pegado algo que Cristina puede volver a escribir cuando quiera. Porque ya no es novedad que Cristina escriba, ni que cocine conmigo, ni siquiera que disfrutemos haciéndolo.
Se me ha ocurrido que puedo fotografiarlas, ponerlas en el blog y cuando quiera podré venir a verlas, y así me da menos pena quitarlas de la pared.
viernes, 8 de febrero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
Esa botella
El ordenanza del lugar donde trabajo tiene, encima de su mesa, todos los días una botella de agua, pero siempre está tumbada. Me llamó la atención el primer día que la vi pero no le di importancia.
Los siguientes días he seguido viendo que siempre deja la botella en la misma posición. Hoy he sentido tentaciones de acercarme a su mesa y ponerla en posición vertical.
Pero me he dado cuenta de que el estado en que se encontrase sería indiferente para el devenir futuro y además puede que exista una razón para que esté así. Finalmente he olvidado el dichoso envase. Pero no he tenido más remedio que acordarme de Cristina, estoy seguro de que ella no hubiera podido controlarse y habría colocado la botella en su posición lógica.
Por un momento me he sentido más cercano a ella y quién sabe, también más cerca de entenderla.
Los siguientes días he seguido viendo que siempre deja la botella en la misma posición. Hoy he sentido tentaciones de acercarme a su mesa y ponerla en posición vertical.
Pero me he dado cuenta de que el estado en que se encontrase sería indiferente para el devenir futuro y además puede que exista una razón para que esté así. Finalmente he olvidado el dichoso envase. Pero no he tenido más remedio que acordarme de Cristina, estoy seguro de que ella no hubiera podido controlarse y habría colocado la botella en su posición lógica.
Por un momento me he sentido más cercano a ella y quién sabe, también más cerca de entenderla.
sábado, 19 de enero de 2013
Mosqueados
Cuando llegué a casa por la tarde encontré el bolso de deporte de Cristina preparado para el día siguiente.
Como yo soy el encargado de decirle a Cristina que lo prepare y revisarlo le pregunté a mi mujer si lo había hecho ella. Tras su respuesta negativa comprendimos que Cristina sin decirle nosotros nada se había preparado su bolso y además había dispuesto también la ropa del día siguiente.
Pero es que ese mismo día y los siguientes -cuando llegó la hora- cogió su tarea y se fue a la cocina a hacerla. Sin que mediara orden por nuestra parte.
Finalmente hemos confirmado que algo ocurre, porque ayer por la mañana, inmediatamente después de levantarse, en vez de ir a desayunar, se hizo su cama y sin ninguna arruga.
¿Qué está ocurriendo?
sábado, 12 de enero de 2013
Mentiras arriesgadas
Dicen que los niños con autismo no saben mentir, Cristina lo intenta y no concibe que nosotros no creamos sus mentiras. Suelen ser tan inverosímiles que llegan a tener tintes cómicos.
Cuando ayer fui a despertar a Cristina, ya estaba levantada y en cuanto me vio escondió algo detrás de la espalda. Tan raro me pareció que le tuve que preguntar qué escondía.
Primera mentira: - "No es nada, vete" Naturalmente era algo, pero qué.
Más extrañado si cabe, me fui para que pudiera salir de la habitación con su secreto. Pero tenía que ir hasta la cocina donde yo estaba esperándola y entonces vería qué escondía. Pero fue en vano, porque lo ocultó debajo de su pijama.
Le pregunté otra vez por él, y vino su segunda mentira: -"Es un bebé" Como si tal respuesta me tranquilizase.
Al rato me despisté y cuando quise darme cuenta ya no lo llevaba encima, pero al ver su bolso de deporte sospeché que ahí estaba. Lo conseguí abrir sin que ella me viera y descubrí su gran secreto: Había sustituido la camiseta de manga larga que se pone después de hacer deporte por otra de manga corta. Naturalmente sabe que si me hubiera pedido permiso le hubiera dicho que no.
Tras arduas negociaciones llegamos al acuerdo de introducir las dos, con la esperanza que se pusiera ambas.
Cuando ayer fui a despertar a Cristina, ya estaba levantada y en cuanto me vio escondió algo detrás de la espalda. Tan raro me pareció que le tuve que preguntar qué escondía.
Primera mentira: - "No es nada, vete" Naturalmente era algo, pero qué.
Más extrañado si cabe, me fui para que pudiera salir de la habitación con su secreto. Pero tenía que ir hasta la cocina donde yo estaba esperándola y entonces vería qué escondía. Pero fue en vano, porque lo ocultó debajo de su pijama.
Le pregunté otra vez por él, y vino su segunda mentira: -"Es un bebé" Como si tal respuesta me tranquilizase.
Al rato me despisté y cuando quise darme cuenta ya no lo llevaba encima, pero al ver su bolso de deporte sospeché que ahí estaba. Lo conseguí abrir sin que ella me viera y descubrí su gran secreto: Había sustituido la camiseta de manga larga que se pone después de hacer deporte por otra de manga corta. Naturalmente sabe que si me hubiera pedido permiso le hubiera dicho que no.
Tras arduas negociaciones llegamos al acuerdo de introducir las dos, con la esperanza que se pusiera ambas.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Michael Jackson dejó el listón muy alto
En el primer festival escolar de Navidad en el que pudimos ver participar a Cristina, además de villancicos cantaron esta canción de Michael Jackson, no recuerdo si para entonces ya había fallecido. Sí recuerdo que era una persona que no me interesaba demasiado, ni él ni sus canciones.
Pero por alguna razón, oír a Cristina cantar esta canción y ver los diversos movimientos de brazos que requería la función me dejó tal impresión que ahora añoro al famoso cantante.
Así que cualquiera se puede imaginar con qué entusiasmo asistía al festival navideño que habían preparado en el cole para este curso. Y también se puede imaginar el desconsuelo que sentí al no poderla ver desde mi lejana posición. Incluso pensé que no habría participado.
Sin embargo cuando recogí a Cristina me confirmaron que había estado allí y cantado su villancico junto a sus compañeros.
Como cambian las cosas, si hace pocos años me hubieran dicho que Cristina había participado en un festival con todos sus compañeros hubiera sido el hombre más feliz. Y ahora estoy desconsolado "sólo" por no haberla visto.
Pero por alguna razón, oír a Cristina cantar esta canción y ver los diversos movimientos de brazos que requería la función me dejó tal impresión que ahora añoro al famoso cantante.
Así que cualquiera se puede imaginar con qué entusiasmo asistía al festival navideño que habían preparado en el cole para este curso. Y también se puede imaginar el desconsuelo que sentí al no poderla ver desde mi lejana posición. Incluso pensé que no habría participado.
Sin embargo cuando recogí a Cristina me confirmaron que había estado allí y cantado su villancico junto a sus compañeros.
Como cambian las cosas, si hace pocos años me hubieran dicho que Cristina había participado en un festival con todos sus compañeros hubiera sido el hombre más feliz. Y ahora estoy desconsolado "sólo" por no haberla visto.
martes, 18 de diciembre de 2012
Viajeros del Metro
Lo que más nos sorprendió de Cristina en nuestro viaje a Madrid fue lo bien que se manejaba en el Metro, prácticamente estaba en su salsa:
- En la estación un letrero indicaba los minutos que faltaba para el siguiente tren:
No se ponía nerviosa esperando porque veía que el tiempo iba disminuyendo.
- Siempre llevaba el plano del metro en la mano:
Muy esquemático y fácil de entender. Cada tren de un color, podía seguir el trayecto del tren y ver que cada vez faltaba menos para llegar al final del viaje.
- Dentro del vagón, letreros luminosos y una voz grabada indicaban la siguiente estación:
Cristina podía saber con la debida antelación que el tren se iba a parar.
Estoy seguro que ninguna de esas facilidades están pensadas para personas con autismo. En cambio sí que habrán pensado en todas las que vamos corriendo de un lado para otro y necesitamos recibir información precisa y rápida para poder llegar a nuestro destino.
Es curioso pensar que a todos vienen bien las mismas cosas.
- En la estación un letrero indicaba los minutos que faltaba para el siguiente tren:
No se ponía nerviosa esperando porque veía que el tiempo iba disminuyendo.
- Siempre llevaba el plano del metro en la mano:
Muy esquemático y fácil de entender. Cada tren de un color, podía seguir el trayecto del tren y ver que cada vez faltaba menos para llegar al final del viaje.
- Dentro del vagón, letreros luminosos y una voz grabada indicaban la siguiente estación:
Cristina podía saber con la debida antelación que el tren se iba a parar.
Estoy seguro que ninguna de esas facilidades están pensadas para personas con autismo. En cambio sí que habrán pensado en todas las que vamos corriendo de un lado para otro y necesitamos recibir información precisa y rápida para poder llegar a nuestro destino.
Es curioso pensar que a todos vienen bien las mismas cosas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





