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(Fotografía Debendi) |
Nosotros sorprendidos miramos hacia donde nos indica pero no vemos nada, si allí había estado el burro ya ha desaparecido.
Una de las características de los niños con autismo es que les resulta muy difícil usar la imaginación. Por ejemplo, Cristina suele jugar con muñecos pero siempre recordando escenas de películas, no es capaz de inventarse una situación.
Por tanto cuando nos dice que hay un burro volando no tenemos más remedio que pensar que es verdad, aunque después de mirar hacia donde señala volvemos la cabeza se esta riendo de nosotros o ha desaparecido librándose de hacer la tarea. Así que voy a acabar creyendo que los burros no vuelan en realidad y es que Cristina está aprendiendo a usar su imaginación.