Esta última semana mi padre ha pasado unos días en el hospital. Por fortuna no ha sido nada grave y ya está felizmente en casa.
El domingo pasado me acerqué a verle acompañado por Cristina. Cuando llegamos a la habitación estaba a rebosar. Estaban varias de mis hermanas, sus maridos, la abuela y otro de los nietos.
Cristina se quedó parada en la puerta, no porque estuviese cohibida sino por la sorpresa de ver a tanta gente, quizás únicamente esperaba encontrarse con mi padre.
De todas las personas que estaban allí -todos quieren un montón a Cristina- al único a quién le dio un abrazo fue a su abuelo.
Una vez me dijeron que una de las mejores cosas que una persona puede hacer por otra es darle un abrazo, supongo que será porque sin necesidad de palabras se dice mucho, y porque no hay nada más sincero.
Seguro que esa muestra de cariño ayudó al emocionado abuelo a reponerse un poco antes.
Mostrando entradas con la etiqueta abuelos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuelos. Mostrar todas las entradas
viernes, 14 de mayo de 2010
jueves, 29 de enero de 2009
La sopa de la Abuela

Este sábado hemos estado en casa de mis padres.
Como siempre que vamos, Cristina empieza una especie de diálogo con mi madre: - “¡Abuela, quiero sopa!”. - “¿Quieres sopa?”, contesta mi madre, haciéndose la sorprendida. La única respuesta de Cristina es ir directamente a la cocina y quedarse sentada a la mesa, esperando que le sirvan la sopa. Mi madre le explica que no tiene su sopa preparada porque no le habíamos anunciado nuestra visita, pero empieza rebuscar por la cocina. - “Cristina, me parece que hoy sólo puede ser de Starlux...”. Esto no parece importarle a Cristina, porque no manifiesta el menor interés en los ingredientes que deba llevar su sopa. -“¿Quieres sopa de fideos o de letras?”, le pregunta mi madre a la vez que le muestra las dos posibilidades. Esto sí que le interesa Cristina porque por un momento vuelve del lugar incierto y lejano en el parecía estar: -“¡De letras!”. Así que la abuela se pone al trabajo de hacer la sopa de inmediato. Cristina la vigila y de vez en cuando se acerca para levantar la tapa de la cazuela y ver cómo va su sopa. Por fin, su sopa está servida y ella empieza a zamparse plato tras plato. De vez en cuando, entre cucharada y cucharada, acierta a decir: “¡Qué rica!”. Cuando ya parece que se ha saciado, sin mirar a nadie y sin pronunciar un triste “gracias”, se levanta de la mesa y abandona la cocina. Quizás más tarde se vuelva a acordar de la sopa y vuelva a la cocina para mirar si ha sobrado algo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)