lunes, 27 de junio de 2016
Felicidad contagiosa
Por fin llegó el último día de clase. Aunque Cristina va muy contenta al colegio el final de las clases lo estaba esperando con ansiedad.
Su madre y yo le estábamos esperando en la puerta, hablando de cosas serias. Pero se nos cambió la cara cuando la vimos aparecer con su eterna sonrisa, pero esta vez, casi se le escapaba una carcajada por la alegría que sentía.
Tanto nos contagió su alegría que nos pusimos todos a dar saltos de felicidad en el dintel de la puerta.
La felicidad de Cristina es contagiosa, seguro que ella no se da cuenta pero hacer felices a los demàs es una de las cosas que mejor hace.
martes, 4 de noviembre de 2014
Versiones de un clásico
El otro día se decidió a inventarse un cuento: "La otra historia de Caperucita Azul y un duendi"
El título me creó varias dudas:
- "¿La otra historia? ¿Hay un cuento de caperucita azul y ahora es necesario contar otra versión?"
- "¿Duendi? ¿No será duende?"
La primera no me supo responder. La segunda me dejó claro que sí, era Duendi y además amigo de Caperucita.
Al día siguiente siguió escribiendo el cuento pero Duendi ya no volvió a aparecer, según ella porque se había convertido en el narrador. Hoja por hoja, hasta ocho en total, dibujó y escribió una pequeña aclaración sobre el dibujo.
Cada hoja que dibujaba, "La otra historia de Caperucita Azul" se iba pareciendo más y más al clásico cuento de su homónima roja. Pero con un par de diferencias: No había lobo, sino un ladrón. Tampoco abuela, pero sí abuelo.
Ni Charles Perrault, ni los Hermanos Grimm, se inventaron de la nada el cuento de Caperucita Roja. Más o menos hicieron lo de Cristina: Cambiar ciertos detalles.
viernes, 24 de octubre de 2014
Decisiones difíciles
La carencia de imaginación y la incapacidad de ponerse en el lugar del otro son dos dificultades que suelen tener las personas con autismo. Cristina las manifiesta pero va mejorando aunque sea por pillería.
Le gusta esconder cosas para que los demás no las veamos, bien porque le parece gracioso o bien porque si lo esconde se va a librar -por ejemplo- de hacer la tarea.
Los escondites que elige son siempre los mismos o tan evidentes que no hay peligro de que se libre de nada. Sin embargo he empezado a preocuparme. Casi todos los días hace un poco de tarea y necesita tres cosas: un libro para leer, un cuaderno donde escribir y el estuche con los lápices.
Cuando fui a a por ellos no encontré ninguno. Busqué en los escondites habituales y sólo encontré una de las tres cosas, esforzándome un poco más encontré la segunda, pero no los lápices que no pude saber dónde estaban.
Asombrado de su esfuerzo y de su buena idea de esconder por separado los objetos dudé qué hacer: felicitarle o castigarle. Una difícil decisión. Finalmente encontré otro estuche y le dije a Cristina: -"Hoy estaremos más tiempo haciendo la tarea" De forma inmediata fue a buscar los lápices y así librarse de un rato más trabajando.
viernes, 17 de octubre de 2014
Una vida sencilla
Cristina, como supongo que otros niños con autismo, es de costumbres fijas también para comer. Hay alimentos que se niega a probarlos o incluso algunos que tiene que comerlos de una forma determinada.
Por eso parece que ha hecho un descubrimiento asombroso que además ha compartido con nosotros: Hasta ahora yogures y galletas se comían por separado, pero acabamos de descubrir que también se pueden mezclar.
Esta última novedad nos la ha mostrado Cristina varias veces esta semana: -"¡Mira papá!" mientras zambullía la galleta dentro del yogur para darle luego un gran bocado.
Nunca se había ocurrido pensar que una cosa así pudiera ser digna de mención o, que como en el caso de mi hija, fuese de tanta alegría y sorpresa como ha sido para ella. Sin embargo Cristina todavía nos enseña de vez en cuando a descubrir la sencillez de la vida en esos felices hallazgos.
jueves, 9 de octubre de 2014
Estamos de vuelta
Cristina ha crecido bastante en todos los aspectos. Con casi 14 años, muchas veces no sabemos si su forma de actuar depende del autismo o de la adolescencia. Una etapa de la vida que te tendrá que pasar como todo el mundo.
Aunque sigue siendo muy infantil, pocas veces dice sí misma que es una niña. Casi siempre afirma de forma categórica: -"Soy mujer". Muy cabezona e insistente en sus pretensiones suele aceptar bastante bien cuando no se le concede algo de lo que pide.
De todos modos, buscará el resquicio que nos haga cambiar de opinión. Su carácter infantil hace que le gusten, por ejemplo, las atracciones para niños pequeños de las ferias de los pueblos, como fue el caso de las fiestas de Cortes (Navarra), este mismo fin de semana.
Además de decirle que no, hay que darle una razón que ella entienda y le deje tranquila. Siempre tiene bastante éxito decirle: -"Cristina, ahí no te puedes montar, es para niños pequeños"
Pero no se dio por vencida, porque más tarde volvió a mirar a la atracción y me hizo ver lo que ocurría: -"Mira, hay jóvenes. Jóvenes como yo"
Así que Cristina sabe quién es y cómo es. Aunque algunas veces se lo tengamos que recordar.
viernes, 28 de marzo de 2014
Aprendiendo juntos
El míércoles pasado, Cristina tenía fiesta por la tarde y nos pusimos a hacer galletas extra crujientes, aquí está la receta.
La masa fue bastante fácil elaborarla, nuestros problemas empezaron cuando quisimos hacer las galletas con los moldes que habíamos comprado. Las galletas debían tener forma de ositos o corazones, pero no terminábamos de conseguirlo.
Poco a poco fuimos mejorando nuestra técnica y las galletas -cada vez mejor formadas- iban ocupando su lugar en la bandeja del horno.
Después de hornearlas el tiempo preciso, incluso Cristina que es reticente a comer galletas que no lleven chocolate, las comía complacida. De hecho ya no queda ninguna.
Como ni ella ni yo nacimos aprendidos, por un momento estuvimos los dos al mismo nivel y aprendiendo juntos. Pero con Cristina ha sido siempre así. Desde un desconocimiento total del autismo hemos ido aprendiendo y mejorando poco a poco.
La masa fue bastante fácil elaborarla, nuestros problemas empezaron cuando quisimos hacer las galletas con los moldes que habíamos comprado. Las galletas debían tener forma de ositos o corazones, pero no terminábamos de conseguirlo.
Poco a poco fuimos mejorando nuestra técnica y las galletas -cada vez mejor formadas- iban ocupando su lugar en la bandeja del horno.
Después de hornearlas el tiempo preciso, incluso Cristina que es reticente a comer galletas que no lleven chocolate, las comía complacida. De hecho ya no queda ninguna.
Como ni ella ni yo nacimos aprendidos, por un momento estuvimos los dos al mismo nivel y aprendiendo juntos. Pero con Cristina ha sido siempre así. Desde un desconocimiento total del autismo hemos ido aprendiendo y mejorando poco a poco.
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