Cristina se ha aficionado a inventarse síntomas de enfermedades para intentar engañarnos. Los síntomas -alguna vez lo he comentado- son de los más variados: no puede andar, le duele la tripa, le duele la boca, tiene fiebre, etc. se presentan de uno en uno, o todos a la vez. Y su tono de voz cuando los describe puede engañar a cualquiera.
De momento ya he encontrado una solución: Cojo un bote de jarabe, da igual el nombre y sus especificaciones y -lo que es mejor- tampoco hace falta leer el prospecto, se lo enseño a Cristina con ánimo de abrirlo a la vez que le digo: -"Cristina, te voy a dar un poco de jarabe"
Su reacción es instantánea: -"¡Ya me he curado!" Su tono de voz esta vez es de verdadera alegría y no me extraña porque su curación es milagrosa, sin explicación alguna. Y con su enfermedad imaginaria se va cualquier excusa para no hacer lo que debe.
De todos modos uno no se puede autocomplacer en sus "éxitos", porque seguro que Cristina deja pronto obsoleta la solución del jarabe.