Hemos pasado una semana en mi pueblo en el que siempre los vendedores ambulantes pasan ofreciendo cada cuál su mercancía. Un día le tocó a la vendedora de congelados. Acudimos a su encuentro Cristina, mi madre y yo.
Como ya había varias señoras esperando comprar nos pusimos a la cola. Cristina -a través de los cristales de la furgoneta- ya vio algo que le gustaba y de inmediato lo exclamó: -"¡Judías! ¡Papá, quiero judías!" Le dije que no era nuestro turno y tuve que explicar a las asombradas mujeres que a Cristina le gustaban mucho las alubias verdes.
Cristina, seguía impaciente pidiendo "Judías". Por fin me extrañó su fervor por esa legumbres, que le gustan pero no para tales demostraciones de entusiasmo.
Me acerqué a la furgoneta y mirando donde señalaba, vi que en realidad no quería judías, sino "Gulas" Tras la risa general se las compramos y esa noche cenó como una reina.
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viernes, 20 de agosto de 2010
miércoles, 11 de agosto de 2010
Así es más divertido
El primer día de playa les compramos a Leyre y Cristina una pelota. Jugábamos los cuatro a varios juegos que nos enseñó Leyre y en los que Cristina participaba con normalidad.
Otras veces jugaba yo solo con Cristina, en estas ocasiones yo le tiraba la pelota, pero ella en vez de devolvérmela me la tiraba lejos de mi alcance. Muy divertido, aunque sólo para ella que veía con regocijo como tenía que ir a buscarla.
Pero todo el mundo tiene un límite y ya enfadado le dije: "¡Cristina, estoy aquí, así que tírame la pelota aquí!" Y a partir de entonces ya empezamos a disfrutar los dos con la pelota, pasándonosla de uno al otro aprovechando para hacer cabriolas sobre las aguas.
Y hasta me pareció que Cristina disfrutaba más jugando así, que no de la otra forma donde sólo jugaba ella.
Otras veces jugaba yo solo con Cristina, en estas ocasiones yo le tiraba la pelota, pero ella en vez de devolvérmela me la tiraba lejos de mi alcance. Muy divertido, aunque sólo para ella que veía con regocijo como tenía que ir a buscarla.
Pero todo el mundo tiene un límite y ya enfadado le dije: "¡Cristina, estoy aquí, así que tírame la pelota aquí!" Y a partir de entonces ya empezamos a disfrutar los dos con la pelota, pasándonosla de uno al otro aprovechando para hacer cabriolas sobre las aguas.
Y hasta me pareció que Cristina disfrutaba más jugando así, que no de la otra forma donde sólo jugaba ella.
viernes, 30 de julio de 2010
Disfrutando en familia
Durante nuestras pequeñas vacaciones en Cambrils, uno de los días nos acercamos a Port Aventura, un gran parque de atracciones y espectáculos.
También estuvimos hace tres años, y si nos atrevimos a ir fue porque nos dijeron que las personas con alguna discapacidad pueden subir a las atracciones sin esperar cola y acompañadas por otra persona.
Para un niño con autismo puede ser muy difícil tener que esperar que le llegue su turno -de hecho Cristina hace años no consentía en estar esperando que le tocase a ella- y para los padres puede llegar a ser agotador tener que estar pendiente del niño.
Por tanto, la ventaja de no hacer colas con Cristina fue lo que al final nos convenció de ir. Este año además con la ventaja de que Leyre y Cristina han crecido y se podían montar en s más atracciones.
En la primera que nos subimos, con bastante inconsciencia por mi parte, fue en la llamada "Furia de Baco". Esta atracción hace honor a su nombre pues gira furiosamente en todos los sentidos imaginables.
A ninguno nos gustó. Y cuando la atracción paró lo único que acertó a decir Cristina fue "Uyyyy". Cuando lo normal es que diga: "Otra vez, otra vez"
Mientras estábamos en el parque hubo algo que me sorprendió y fue que en ningún momento nadie nos informó de la posibilidad de que las personas con discapacidad pudieran entrar sin esperar colas. Ni siquiera cuando compré la entrada diciendo que venia una persona con dispacidad. De hecho, no estaba explicado en ningún folleto de los que cayó en mis manos.
Es una pena, porque seguro que muchos padres que estén en nuestra situación se decidieran a ir si conocieran esta ventaja. Igual que Cristina también nosotros podríamos decir "Uyyyy" porque les ha faltado sólo un poco de información, para que otros niños como Cristina disfruten del parque y cuando se vayan puedan decir "Otra vez, otra vez" por lo que bien que se lo han pasado, ellos y toda su familia.
También estuvimos hace tres años, y si nos atrevimos a ir fue porque nos dijeron que las personas con alguna discapacidad pueden subir a las atracciones sin esperar cola y acompañadas por otra persona.
Para un niño con autismo puede ser muy difícil tener que esperar que le llegue su turno -de hecho Cristina hace años no consentía en estar esperando que le tocase a ella- y para los padres puede llegar a ser agotador tener que estar pendiente del niño.
Por tanto, la ventaja de no hacer colas con Cristina fue lo que al final nos convenció de ir. Este año además con la ventaja de que Leyre y Cristina han crecido y se podían montar en s más atracciones.
En la primera que nos subimos, con bastante inconsciencia por mi parte, fue en la llamada "Furia de Baco". Esta atracción hace honor a su nombre pues gira furiosamente en todos los sentidos imaginables.
A ninguno nos gustó. Y cuando la atracción paró lo único que acertó a decir Cristina fue "Uyyyy". Cuando lo normal es que diga: "Otra vez, otra vez"
Mientras estábamos en el parque hubo algo que me sorprendió y fue que en ningún momento nadie nos informó de la posibilidad de que las personas con discapacidad pudieran entrar sin esperar colas. Ni siquiera cuando compré la entrada diciendo que venia una persona con dispacidad. De hecho, no estaba explicado en ningún folleto de los que cayó en mis manos.
Es una pena, porque seguro que muchos padres que estén en nuestra situación se decidieran a ir si conocieran esta ventaja. Igual que Cristina también nosotros podríamos decir "Uyyyy" porque les ha faltado sólo un poco de información, para que otros niños como Cristina disfruten del parque y cuando se vayan puedan decir "Otra vez, otra vez" por lo que bien que se lo han pasado, ellos y toda su familia.
viernes, 23 de julio de 2010
Riéndose del mar
Hemos pasado unos días en Cambrils. Esta es la tercera vez que nos vamos de vacaciones a la playa y siempre lo hemos pasado muy bien.
Hace algunos años estuvimos en Cangas del Morrazo, fue la primera vez que Cristina se bañó en el mar. Bien por el sabor del agua o porque estaba muy fría, en todos los días que estuvimos allí nunca se mojó más arriba de las rodillas, así que, si no estaba corriendo de un lado para otro, se pasaba las horas sentada en la orilla jugando con la arena y con el agua. Algo muy tranquilizador para nosotros porque por entonces todavía no sabía nadar.
El siguiente año estuvimos en Salou y parecía que Cristina iba a repetir la historia, porque en cuanto llegó a la playa se sentó en la orilla. Pero de improviso una ola la alcanzó arrastrándola playa adentro dándole un buen revolcón, afortunadamente sin consecuencias. Pero -al contrario de lo que yo esperaba- en vez de desanimarla fue el estímulo que necesitaba para meterse al mar y dejar que las olas la zarandeasen de un lado para otro.
Algunos ratos yo mismo compartía con ella las olas y cuando ya no podía más me quedaba vigilando desde la playa porque Cristina nunca daba síntomas de agotamiento.
Este año -en las mismas playas- daba igual lo fuerte que fuese las olas ahí estaba Cristina esperándolas, y cuanto más grande eran éstas mayor era su risa.
Hace algunos años estuvimos en Cangas del Morrazo, fue la primera vez que Cristina se bañó en el mar. Bien por el sabor del agua o porque estaba muy fría, en todos los días que estuvimos allí nunca se mojó más arriba de las rodillas, así que, si no estaba corriendo de un lado para otro, se pasaba las horas sentada en la orilla jugando con la arena y con el agua. Algo muy tranquilizador para nosotros porque por entonces todavía no sabía nadar.
El siguiente año estuvimos en Salou y parecía que Cristina iba a repetir la historia, porque en cuanto llegó a la playa se sentó en la orilla. Pero de improviso una ola la alcanzó arrastrándola playa adentro dándole un buen revolcón, afortunadamente sin consecuencias. Pero -al contrario de lo que yo esperaba- en vez de desanimarla fue el estímulo que necesitaba para meterse al mar y dejar que las olas la zarandeasen de un lado para otro.
Algunos ratos yo mismo compartía con ella las olas y cuando ya no podía más me quedaba vigilando desde la playa porque Cristina nunca daba síntomas de agotamiento.
Este año -en las mismas playas- daba igual lo fuerte que fuese las olas ahí estaba Cristina esperándolas, y cuanto más grande eran éstas mayor era su risa.
viernes, 16 de julio de 2010
Unas estatuas muy simpáticas
Estos días de San Fermín, como teníamos previsto, hemos ido por Pamplona buscando "las estatuas humanas" y otros artistas callejeros.
Cristina se ha querido fotografiar con todos ellos y estas estatuas tan rígidas y estáticas han resultado ser muy simpáticas una vez que se han movido.
viernes, 25 de junio de 2010
Feliz verano
Cristina, mi mujer, una vez más mejora las entradas de este blog con un nuevo vídeo. Esta vez Cristina os desea a todos que paséis unas felices vacaciones.. Ya sé que hay mucha gente que vive en la otra parte del mundo donde ahora no es verano y les daremos un poco de envidia. Pero al final todo llega...
sábado, 15 de agosto de 2009
No hay nada mejor

Cuando vamos de vacaciones a mi pueblo solemos acercarnos a bañarnos al Lago de Sanabria. De pequeñas Cristina y Leyre se pasaban todo el rato en el agua. Cristina, no paraba de entrar y salir jugando en la orilla.
Hasta que sentía frío y se salía del agua, pero en vez de envolverse en una toalla o juntarse con nosotros para que le diéramos calor, se tumbaba encogida en una silla de playa tiritando toda ella.
Al punto mi mujer la cogía, la tapaba y aprovechaba para tenerla un rato abrazada junto a ella. Estos eran uno de los pocos momentos en que Cristina estaba quieta y se dejaba abrazar. Así que los intentábamos alargar lo más posible, no sólo por ella, sino también por nosotros.
No creo que Cristina rechazase nuestros abrazos porque le disgustase estar junto a nosotros, o porque prefiriera seguir viviendo aislada de todos. Yo pienso que todavía no sabía lo bien que se podía estar entre brazos de su madre o de cualquier otra persona que le quisiera.
Puede resultar extraño que haya niños que tengan que aprender estas cosas, pero lo importante es que son capaces de aprenderlo, y cuando lo consiguen cualquier gesto de cariño por parte de ellos es la mayor satisfacción que se pueda recibir.
viernes, 7 de agosto de 2009
...Y repicando
Después de la Misa que se celebró en mi pueblo en honor a Santiago Apóstol hubo un aperitivo. Como suele ser habitual todo el mundo nos lanzamos a comer como si lleváramos una semana ayunando.
En ello estábamos, cuando miro a mi alrededor y Cristina ya no estaba. El pueblo es pequeño y no se puede ir muy lejos, pero hay casas viejas y muchas zarzas.
La estuve buscando alrededor de la iglesia pero no la veía por ninguna parte, y sin embargo sí que oía que las campanas de la iglesia estaban sonando.
Por fin me di cuenta, que si alguien estaba tocando las campanas sin motivo alguno, tenía que ser Cristina. Y allí estaba encima del campanario echando un repiquete.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, había oído campanas y sabía dónde.
viernes, 31 de julio de 2009
En la procesión...

Este sábado pasado fue Santiago Apóstol patrón de mi pueblo. Fuimos Leyre, Cristina, mi hermana Aurora y yo. Aunque vayamos muchas veces a Cortes, yo nací en Zamora y mi pueblo se llama Rioconejos. Un lugar tan singular y pintoresco como indica su nombre.
La fiesta consta de Procesión y Misa. Los años buenos, como ha sido el actual, hay un gaitero y otro señor con un tambor que acompañan con su música la procesión y luego amenizan la fiesta.
Ese día no empezó muy bien, Cristina no se quería ni levantarse de la cama, ni desayunar, ni vestirse... Así que con el peor de los presagios conseguí que saliera de casa para ir a la Iglesia.
No llegamos a entrar porque empezaba la procesión y nos unimos a ella. Para entonces Cristina ya había cambiado su humor y caminaba contenta de mi mano en medio de la gente.
Hasta que se dio cuenta de que en la procesión había alguien que iba el primero y no era ella. Así que se fue adelantando hasta sobrepasar a las cruces procesionales y encabezar la comitiva.
No creo que nuestro Santo Patrón se sintiera ofendido, todo lo contrario, seguro que le gustó que el homenaje que se le profesaba fuera un poco distinto.
Dentro de la iglesia hay una parte más elevada a la que suben los jóvenes adolescentes, y a la que también que quiso subir Cristina. Pero al contrario de ellos, Cristina se portó de maravilla.
La fiesta consta de Procesión y Misa. Los años buenos, como ha sido el actual, hay un gaitero y otro señor con un tambor que acompañan con su música la procesión y luego amenizan la fiesta.
Ese día no empezó muy bien, Cristina no se quería ni levantarse de la cama, ni desayunar, ni vestirse... Así que con el peor de los presagios conseguí que saliera de casa para ir a la Iglesia.
No llegamos a entrar porque empezaba la procesión y nos unimos a ella. Para entonces Cristina ya había cambiado su humor y caminaba contenta de mi mano en medio de la gente.
Hasta que se dio cuenta de que en la procesión había alguien que iba el primero y no era ella. Así que se fue adelantando hasta sobrepasar a las cruces procesionales y encabezar la comitiva.
No creo que nuestro Santo Patrón se sintiera ofendido, todo lo contrario, seguro que le gustó que el homenaje que se le profesaba fuera un poco distinto.
Dentro de la iglesia hay una parte más elevada a la que suben los jóvenes adolescentes, y a la que también que quiso subir Cristina. Pero al contrario de ellos, Cristina se portó de maravilla.
sábado, 25 de julio de 2009
Unas gafas dan para mucho
En la piscina, Cristina pasa más tiempo sumergida en el agua que sobre ella. Es gracioso acompañarla y verla bajo el agua con los ojos bien abiertos y riéndose a carcajadas.
Por eso cada año cuando empezaba la temporada de piscina, lo primero que hacía era intentar que aprendiera a llevar gafas para el agua, pero finalmente lo tenía que dejar por imposible.
Sin embargo este verano ha encontrado unas gafas de su hermana, sin decirle yo nada, y quizás por eso, se las ha puesto y ahora siempre que se mete en la piscina tiene que ser con las gafas puestas.
Además, gracias a ellas, vemos que poco a poco Cristina va mejorando en la construcción de sus frases. Porque siempre que no las encuentra (que suele ser muy a menudo) nos pregunta: "-¿Dónde están mis gafas?"
Cuando antes únicamente nos gritaba: "¡Gafas!" o como mucho: "¡Dónde están gafas!
De toodos modos aún le queda un cosa más difícil que tiene que aprender: Hacerse responsable de donde deja sus cosas. Pero creo que yo no soy la persona idónea para enseñárselo...
jueves, 23 de julio de 2009
Otra forma de aprovechar el verano
En verano puede que tengamos más tiempo para dedicar a hacer cosas que no podemos durante el resto del año. Aquí pongo un par de propuestas por si alguien quiere aprovechar de otra forma su tiempo libre.
![]() | Una muestra de la lucha que hay que mantener con las Administraciones para conseguir que algunos niños con necesidades especiales tengan lo que tienen todos los demás: oportunidad de aprender. Para más información y ayudar a estos padres pinchar aquí |
| Una iniciativa, para cambiar en la Real Academia de la Lengua la definición de "Autismo", igual que han hecho ya otros organismos organismos mundiales. Más información aquí |
jueves, 2 de julio de 2009
Nos tomamos un descanso

Por fin nos vamos de vacaciones. Pasaremos unos días en Cortes, descansando todo lo que podamos.
Nuestras vacaciones se pueden resumir en pasar estos días todos juntos en familia, darnos unos chapoteos en la piscina, y hacer alguna que otra excursión. Por supuesto visitar Senda Viva, y con todas seguridad me tocará correr detrás de Cristina y su patinete
sábado, 27 de junio de 2009
Cristina en el laberinto

Senda Viva es un parque medio de atracciones, medio zoológico, situado junto a las Bardenas Reales. El año pasado estuvimos dos veces, al principio y al final del verano. En ambas ocasiones lo pasamos genial.
La primera vez que estuvimos nos dedicamos la mañana entera a dar vueltas por el parque descubriendo las atracciones y viendo los animales que pululan a sus anchas. Después de comer, Cristina ya nos dijo a dónde quería ir: - "Vamos al agua choff-choff"
Nos costó saber qué nos estaba pidiendo hasta que nos dimos cuenta que quería ir al laberinto de los chorros de agua que suben y bajan. Los chorros aparecen y desaparecen en distintos lugares mojando a todo el mundo que está dentro.
La segunda vez que fuimos nos dijo lo mismo y la llevamos otra vez. Ella se quedó dentro y nosotros fuera. Como sabíamos que disfrutaba no le prestábamos excesiva atención. Así que no nos dimos cuenta que los chorros de agua se habían parado y la gente abandonaba la atracción.
Extrañados vimos venir a Cristina y al encargado detrás de ella diciéndonos que había tocado algún botón y la atracción se había parado, además no podía ponerla de nuevo en marcha. Así que gracias a Cristina un montón de niños tendrían que buscarse otro modo de divertirse.
Nosotros, un poco apurados, también nos fuimos. Pero a última hora, cuando nos íbamos a casa vimos que los chorros volvían a hacer "choff-choff", y ya nos quedamos más tranquilos.
Este año volveremos, nosotros pondremos de nuestra parte para que Cristina no toque ningún botón, pero espero que el parque los hayan quitado de su alcance...
La primera vez que estuvimos nos dedicamos la mañana entera a dar vueltas por el parque descubriendo las atracciones y viendo los animales que pululan a sus anchas. Después de comer, Cristina ya nos dijo a dónde quería ir: - "Vamos al agua choff-choff"
Nos costó saber qué nos estaba pidiendo hasta que nos dimos cuenta que quería ir al laberinto de los chorros de agua que suben y bajan. Los chorros aparecen y desaparecen en distintos lugares mojando a todo el mundo que está dentro.
La segunda vez que fuimos nos dijo lo mismo y la llevamos otra vez. Ella se quedó dentro y nosotros fuera. Como sabíamos que disfrutaba no le prestábamos excesiva atención. Así que no nos dimos cuenta que los chorros de agua se habían parado y la gente abandonaba la atracción.
Extrañados vimos venir a Cristina y al encargado detrás de ella diciéndonos que había tocado algún botón y la atracción se había parado, además no podía ponerla de nuevo en marcha. Así que gracias a Cristina un montón de niños tendrían que buscarse otro modo de divertirse.
Nosotros, un poco apurados, también nos fuimos. Pero a última hora, cuando nos íbamos a casa vimos que los chorros volvían a hacer "choff-choff", y ya nos quedamos más tranquilos.
Este año volveremos, nosotros pondremos de nuestra parte para que Cristina no toque ningún botón, pero espero que el parque los hayan quitado de su alcance...
viernes, 1 de mayo de 2009
La banda sonora de nuestras vacaciones
Hace unos pocos años nos fuimos de vacaciones a mi pueblo. Cristina ya empezaba a decir alguna palabra y reconocía los números. Como era un viaje largo mi mujer grabó un disco con varias canciones para llevar en el coche. Entre ellas estaba la del vídeo. Cristina en cuanto la oyó le gustó mucho y pedía que se la pusiéramos diciendo el número que ocupaba en el CD.
Nos íbamos de vacaciones, Cristina iba empezando a hablar, reconocía números, ¿Qué más podíamos pedir? Seguro que la felicidad se reflejaba en nuestros rostros.
Supongo que se podrá imaginar cómo poco a poco fue desapareciendo la sonrisa de nuestra cara cuando una y otra vez Cristina nos pedía siempre la misma canción, no le gustaba ninguna otra de todo el disco.
Todos los días de esas vacaciones era montar en el coche y pedirnos la canción: -"Papá uno" Aprovechábamos para intentar que dijera más palabras: -"Mamá, quiero número uno" Pero lo que no había forma era de que dijera el número de cualquier otra canción.
Terminamos hartos de la dichosa melodía y el disco terminó desapareciendo del coche. Hace pocos días lo hemos encontrado otra vez. Me he atrevido a escuchar de nuevo la canción. Antes de oírla pensaba que sólo me iba traer malos recuerdos, pero no, en realidad sólo me han venido buenos.
Supongo que se podrá imaginar cómo poco a poco fue desapareciendo la sonrisa de nuestra cara cuando una y otra vez Cristina nos pedía siempre la misma canción, no le gustaba ninguna otra de todo el disco.
Todos los días de esas vacaciones era montar en el coche y pedirnos la canción: -"Papá uno" Aprovechábamos para intentar que dijera más palabras: -"Mamá, quiero número uno" Pero lo que no había forma era de que dijera el número de cualquier otra canción.
Terminamos hartos de la dichosa melodía y el disco terminó desapareciendo del coche. Hace pocos días lo hemos encontrado otra vez. Me he atrevido a escuchar de nuevo la canción. Antes de oírla pensaba que sólo me iba traer malos recuerdos, pero no, en realidad sólo me han venido buenos.
miércoles, 8 de abril de 2009
Cristina invita a su profesora
La foto de arriba está hecha en Cortes (Navarra), el pueblo de mi mujer, un poco más allá de Tudela y pegando a Zaragoza. Allí es donde vamos a ir a pasar las vacaciones de Semana Santa.
A Cristina le encanta. Desde el verano está repitiendo una y otra vez que quiere ir a Cortes, así que por fin le podemos dar lo que pide. Le gusta tanto que ayer incluso invitó a Mamen, su profesora en el colegio.
Nos ha contado Mamen, que estaba riñendo a algún otro alumno, entonces se acercó Cristina y le dijo: "Tranquila, Mamen, tranquila. No te preocupes"
Mamen, en vez de afearle su intromisión le explicó que estaba enfadada y que por eso reñía al otro niño. Cristina lo debió entender perfectamente, pero también debió pensar que a Mamen, como a muchos de nosotros, le vendrían bien unos días de descanso, así que poniéndole suavemente la mano en la cara le preguntó: "¿Quieres ir a Cortes?"
¿Quién se puede negar ante esta proposición? Si Mamen viene al final a Cortes, quizás no descanse todo lo que quiera, pero haremos una buena costillada en su honor.
P.D.: Espero que todos los que leáis este blog podáis tener vuestras merecidas vacaciones
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